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lunes, 30 de julio de 2012

LAS COOPERATIVAS SEGUN DAVID HIRSCH


D¿Qué es lo que hemos hecho mal? ¿Por qué estás palabras dichas en el año 2000 previo al gran derrumbe de nuestro país,tienen la misma vigencia hoy?.


         La realidad social en la que vivimos hoy y ahora, no hace más que ratificar los vaticinios hechos por este indiscutido líder cooperativista bonaerense que creo no ha sido correctamente interpretado.

 Entiendo que vivimos una sociedad cada vez más alejada del sentimiento y compromiso de solidaridad que impone el cooperativismo.

 Entiendo entonces, que esto último es lo que nos aleja de las exitosas concreciones y una dirijencia política que no ha sabido direccionar los esfuerzos.


Fuente: Jornada Provincial: “El Aporte de las Cooperativas de Trabajo al Desarrollo Regional”
Fecha y Lugar: 07-11-2000 HCDPBA Y HCSPBA.
(Cita: Norma Bukmeier)

David Hirsch Diputado Provincial (mandato cumplido) Ex-presidente de la Comisión de Políticas de Empleo y Ex-subsecretario de relaciones económicas y sociales de la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires, autor y precursor de la Ley de creación del IPAC (Instituto Provincial de Acción Cooperativa).


“Amigos cooperativistas: estamos redondeando un panel vinculado a las iniciativas del Estado hacia el sector cooperativo, particularmente hacia las cooperativas de trabajo.

Parto de la base de que estoy absolutamente convencido de la necesidad de que el Estado participe con políticas activas en favor de todas las formas asociativas capaces de generar trabajo y resolver los conflictos sociales que hoy tenemos en el país.

Tan convencido estoy de esta necesidad de participación activa, que siendo diputado de la Provincia de este mismo recinto, tuve la suerte de ser autor y lograr la sanción del IPAC, hoy vigente en la Provincia, y de haber logrado la incorporación con rango constitucional – por una iniciativa que trasladamos a los constituyentes de 1994-, de la necesidad de apoyo por parte del Estado a las distintas formas cooperativas.

Hoy abordamos la problemática desde un punto de vista del empleo y del trabajo, quizás a mi juicio con alguna demora. En el país se comienza a hablar con seriedad en estos últimos tiempos; tanto es así que hemos asistido a distintos paneles que tienen que ver con el modo de resolver las problemáticas del trabajo y empleo en la Argentina.

El fin de semana pasado, en colaboración con José Sancha, coordinamos una reunión de cooperativas del sudoeste de la provincia, donde tuve la satisfacción presentar un trabajo que he hecho, vinculado a la economía social como motor del desarrollo.

Este libro, en su introducción trae a colación una referencia de algo que me impactó fuertemente. En oportunidad de participar en España del Congreso Internacional de Cooperativas de Trabajo. Un sociólogo sueco que habló del tema del trabajo dijo: “En el futuro las fábricas tendrán dos empleados: un hombre y un perro. El hombre se encargará de dar de comer al perro, y el perro estará a cargo de que el hombre no toque ninguna de las complejas computadoras ni robots que se ocupen de la producción.”
Por supuesto que lo que buscaba era impactarnos fuertemente en atención a cómo se venía el tema del trabajo, en una época en que recién entraba el neoliberalismo en el país, alrededor de 1990. Nos parecía que estábamos lejanos a los problemas de las altas tasas de desocupación, cosa que en otros países se avizoraba como una cuestión cierta.

Quisiera ahora hacer algunas reflexiones vinculadas a la necesidad de que el Estado participe activamente en el fomento y apoyo al sector cooperativo.

Para tener en claro cuál debe ser el rol del Estado, para facilitar la adopción de mecanismos de funcionamiento de las cooperativas, no podemos apartarnos del marco de más de una década de neoliberalismo que ha atravesado el mundo, y por supuesto nuestro país.

Sin embargo aún con estas dificultades, el mundo entero busca caminos, rumbos que le posibiliten recuperar niveles de dignidad, que en muchos casos han caído a niveles alarmantes, a partir de la desaparición del Estado Benefactor, como se marcó hoy en la apertura de este seminario.

Ante esta vertiginosa globalización del comercio y la producción de bienes y servicios, y frente a la crisis del modelo de Estado poderoso, ya agotado, aparece con fuerza la consideración de lo que se denomina tercer sector o el sector de la economía social, partiendo del principio de que no existen solamente la economía del Estado y la economía privada con fin de lucro, sino que existe una creciente franja de la economía –Aquí y en el mundo- que se mueve en la esfera privada, que no persigue fin de lucro con criterio capitalista, y que en su funcionamiento contiene elementos tan importantes como la democracia y la solidaridad en la toma de decisiones.

La especial dificultad que afronta nuestro país desde que se instalaron las políticas neoliberales, es que por la ausencia del Estado, éste no fue reemplazado por sistema alguno que ponga freno al creciente modelo de exclusión social, donde ya no solo es difícil el acceso al trabajo sino a derechos elementales como la vivienda, salud, educación, seguridad y servicios públicos.

Todos estos cambios, se van produciendo a una velocidad creciente que hace que siempre estemos corriendo detrás de las soluciones a problemas.

Hace pocos días, hablando de la velocidad en que se desarrollan los conflictos y que parece que siempre los vamos persiguiendo, un cooperativista, a título de anécdota, contaba que había ido a comprar una computadora y le dijo al vendedor que estaba buscando la más nueva y moderna que existiera. 

El hombre le contesto que lamentaba no poder satisfacer su requerimiento porque aún estaban fabricando la máquina. Esto quiere decir que, permanentemente estamos utilizando tecnología obsoleta.

En los años 70 se comenzó a debatir en los países desarrollados la cuestión del impacto en las nuevas tecnologías sobre la organización del trabajo con la desaparición de la figura del empleo estable por tiempo indeterminado. A ello, debe agregarse otro aspecto negativo de la globalización que ha sido la indiscriminada apertura de las fronteras y el ingreso irrestricto de manufacturas que en otros países producen, por monedas, a costa de aberrantes condiciones sociales y humanas de sus trabajadores.

Con la adquisición de estos productos no solamente se ha favorecido la destrucción de nuestras propias fuentes de trabajo sino que se condena a quienes producen, en estas condiciones, a seguir haciéndolo.

¿Por qué abordamos estas ideas al hablar del rol del Estado? Porque no alcanza que haya crecimiento económico si el Estado no fija reglas claras para que este crecimiento sea equitativo. De hecho, en el Mundo y por supuesto en nuestro país, la economía creció durante la década del 90 en forma muy importante. Como recordarán, en la Argentina hubo años de crecimiento económico que rondaba el 8% anual.

Sin embargo, este crecimiento fue acompañado por la triplicación de los índices de desocupación. En consecuencia, es fácil deducir a donde fue a para el producto de este crecimiento. Se concentró, en forma casi obscena, en pocas manos por el desentendimiento de un Estado que comprendió que las reglas del mercado eran suficientes para regular la vida económica y social.

En esos años, la CEPAL elaboró un informe sobre la situación de los países de la región durante el quinquenio 1995-2000 y decía, entonces, que la Argentina empeoró la distribución del ingreso, creció la precariedad y la inseguridad laboral, subió el trabajo en negro, se ampliaron los sectores informales y se incrementó la pobreza, especialmente en los sectores urbanos y suburbanos.

A continuación, añade que esta situación de empobrecimiento y desocupación no ha sido un fenómeno aislado ya que el proceso económico de concentración ha ido acompañado por dos cuestiones actuales como son la caída de la calidad educativa y una fuerte presencia de corrupción e impunidad del ámbito público y privado. Sobre estos temas, el Estado tiene responsabilidades directas.

Cuando hablo de las responsabilidades del Estado quiero dejar absolutamente aclarado que al ratificar estas ideas no estoy hablando de dar vuelta el reloj de la historia y de hablar del viejo estado empresario, presente en todas las actividades, pero lo que si sostengo es que una situación de emergencia como la que está viviendo gran parte de la sociedad, el Estado debe producir medidas de ayuda directa y éstas deben ser concebidas como una cuestión temporaria para los desempleados.

Si por el contrario, a los desempleados se los asiste permanentemente como carenciados, ya se les asigna de antemano otro lugar en estructura social y se los coloca en una situación de extrema vulnerabilidad, su sobrevida no depende ni del salario ni del seguro de desempleo sino de un programa de asistencia que da lugar a un manejo discrecional y a relaciones de clientelismo.

De manera tal que, ratifico mi convicción de que el estado no puede desentenderse de la fijación de políticas activas que ayuden y favorezcan el crecimiento de instituciones que, como las cooperativas de trabajo, que como las cooperativas de trabajo no solamente resuelven el problema social de la desocupación sino que además lo hacen devolviendo a la mujer y al hombre la dignidad que le corresponde a su dimensión humana.

En 1999 tuve la oportunidad de asistir a en Canadá a la apertura de las deliberaciones de la Alianza Cooperativa Internacional, tema que traigo a colación porque nos recibió el viceprimer ministro Lucien Buchard, quien pronunció palabras que sería propicio encontrar en boca de nuestros gobernantes más seguido.

Dijo así: “La fuerte presencia de la globalización nos demanda un esfuerzo adicional. El modelo cooperativo es una importante herramienta para enfrentar el creciente poder de las multinacionales, que en muchos casos exceden al propio poder del Estado y los gobiernos, transformándose en una amenaza para la vida en democracia”.


“Si no aparece una respuesta que aliente a los millones de excluidos para que vivan mejor, estos buscarán una salida con desesperación y violencia. Por eso creo que las cooperativas resultan hoy indispensables en la búsqueda del equilibrio social entre el modelo capitalista neoliberal y la economía al servicio de la gente”

En ello decía Buchard, “el cooperativismo es nuestro aliado, tanto de los gobiernos como de la vida en democracia”.

En tanto en la Argentina no se trata ya del retiro del Estado como agente social, distributivo y desarrollista, sino que además por vía de privatizaciones el Estado inclusive desertó de algunos roles que le eran indelegables.

 En este sentido, la privatización o tercerización de los servicios deben representar un reto para el cooperativismo y el asociativismo en general a futuro. Para ello es cierto que se deben modificar reglas, conductas y algunos comportamientos, pero también es necesario ser realista y sostener que a esos cambios el cooperativismo los debe acompañar con una dosis de modernización y de adaptación de muchos de sus dirigentes para las épocas que vivimos, para que sin perder la esencia cooperativa, podamos avanzar en adecuar las estructuras que permitan a las entidades resultar competitivas en estos tiempos.

El viernes pasado armamos en la ciudad de Pigüe una reunión de cooperativas del sur de la Provincia que funcionó en el marco del corredor productivo del sudoeste bonaerense. En esta reunión, a mi juicio, se abordaron interesantes temas como el concepto de región y la idea de que es importante el funcionamiento de las economías regionalmente para potenciarse y crecer.

Además es importante que el concepto de región le tenga asignado al asociativismo y al cooperativismo un lugar prioritario, conjuntamente con la aparición de políticas activas desde el estado municipal, provincial y nacional para el desarrollo que involucra a todos los actores.

En consecuencia, ratifico la convicción que el Estado debe contar con políticas activas de ayuda al sector cooperativo y particularmente de aliento a la creación de cooperativas de  trabajo como generadoras de salidas laborales.

Creo en la necesidad de contar con un programa estratégico que oriente los escasos recursos existentes, para contribuir a través de las cooperativas a bajar los índices de pobreza y desempleo.

Este programa no sólo deberá contar con recursos sino también contemplar la capacitación previa de los grupos pre cooperativos para asegurarles posibilidades de éxito.

Creo que la existencia de los corredores productivos son un campo fértil para promover y ayudar la generación de cooperativas de trabajo. Finalmente creo que el Estado debe readaptarse a esta nueva época y desde una concepción democrática, utilizar todos los medios disponibles para resolver los conflictos sociales. Y entre estos medios disponibles, no es menor el aporte que pueda hacerle al país la generación de las cooperativas de trabajo.

En el libro “Economía Social como motor de desarrollo” –que recién comenté- concluyo diciendo que quienes apostamos al sector solidario de la economía, somos portadores –si se quiere- de una cuota de utopía y de romanticismo, pero no por ello desconocemos que para llevar adelante estas empresas hace falta, además de voluntarismo e ideas, una clara concepción de la realidad y un claro entendimiento de lo que sucede hoy en este mundo tan cambiante.

Creo que esta actividad que estamos desarrollando hoy en la Cámara de Diputados, está –en el buen sentido- avanzando en discutir, clarificar y fijar posiciones que nos permitan ir poniendo cada día un aporte más en la búsqueda de una sociedad más justa, más ética y más humana.
Muchas Gracias”